Varios ingredientes dan origen a esta novela. Una mujer joven a la que su marido (enamorado, o eso cree, de una compañera de trabajo en cinta) propone el divorcio el mismo día que ella deja a su amante; el sorteo afortunado de un bungalow; la profecía de una prestigiosa médium; un gran premio de lotería; un niño de cuatro años sordo y con una grave deficiencia visual del que ha de hacerse cargo gracias a un desgraciado (o quizás afortunado) accidente; un viaje por un país duro como es Islandia en plena borrasca oceánica; una búsqueda interior desentrañando la amistad, el amor en todos sus rangos y el sentimiento maternal. Todos estos componentes dan pie a este texto que linda entre lo existencial y lo humorístico (¡Ojo! aclaro el término humorístico: no nos vamos a reír. Si acaso sonreiremos, no en vano estamos ante una novela islandesa).
Si hay algo que siento cuando empiezo una lectura de algún autor del norte de Europa es una sensación de asepsia en la narración... que me provoca un cierto desconcierto interno. Pero aún así, a pesar de ello, me ha tenido intrigado de principio a fin. Y eso que el final también es... desconcertante.
Es una novela plana, neutra, sin sobresaltos ni altibajos, lineal (con alguna referencia a la infancia de la protagonista) que necesita tiempo para disfrutarse, como el buen vino. No es una novela clásica dirigida a un espectro universal de lectores porque no cuadrará en todos los gustos. Sólo en los que busquéis algo especial, insólito y original. Avisados estáis.
A disfrutar, que yo lo he hecho.
Para más información:
Y sobre Rosa candida, su otra novela:
No hay comentarios:
Publicar un comentario