Cuando Helene encuentra un anuncio en un periódico de Nueva York sobre una librería de viejo de Londres, ve la posibilidad de encontrar volúmenes casi imposibles de localizar por unas pocas libras. Las cartas las recibe Frank, el cual se las ve y se las desea para encontrar los libros que le solicita Helene. Durante los veinte años que dura esta relación epistolar se forja una gran amistad basada en el amor que tienen ambos a los libros.
Helene, sabiendo las penurias que pasan en Inglaterra, comienza a enviarles paquetes con comida. Es entonces cuando aparecen en escena los otros empleados de la librería, que casi a escondidas de Doel, le mandan también cartas de agradecimiento.
Es una novela deliciosa, de poco más de cien páginas, en la que nos encontramos una verdadera amistad y una amor ferviente a los libros.
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